El nostre periòdic valencià

‘José Manuel Bou’ Articuls

Matones en política

José Manuel Bou/ En las últimas semanas han saltado a la actualidad varios ejemplos de lo que podríamos denominar “matonismo político”, una falta no solo de espíritu democrático, sino también de sentido de la legalidad, tanto a nivel del Reino de Valencia, como del conjunto de España, como de la comunidad internacional.

Lo cierto es que los valencianos nos vamos acostumbrando tanto a los desmanes del catalanismo como a la inoperancia del PP. Hace unos días el miembro de la organización terrorista Terra Lliure, Carlos Sastre, condenado a 48 años de prisión por varios asesinatos, impartió una conferencia en la Universidad de Valencia invitado por el “Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans”, la misma Universidad en la que desde hace años se prohíben los actos valencianistas. Parece que para los lamentables dirigentes universitarios cuestionar la unidad del valenciano y el catalán es mayor pecado que hacer apología del terrorismo. Mientras tanto hemos conocido gracias a las investigaciones en torno al “Caso Pretoria” que las asociaciones del editor catalanista Eliseo Climent han recibido subvenciones para fomentar el catalán en valencia por más de 17 millones de euros. La noticia de semejante despilfarro es especialmente dolorosa para los jubilados que han visto congelarse su pensión y para los funcionarios que están viendo descender su sueldo. Recordemos que Eliseo Climent es el líder de “Accio Cultural del País Valencia” cuyas manifestaciones en Valencia han terminado siempre con cuantiosos destrozos públicos y pintadas de “Gora ETA” en las paredes.

Por su parte Camps se encoge de hombros ante estos hechos con la misma pose de ignorancia que muestra ante las imputaciones del caso Gurtel. Peor es lo de Fabra en Castellón que colecciona cabezas de jueces que han osado meter las narices en el número de veces que le ha tocado la lotería.

A nivel nacional la situación no es mucho mejor. El nacionalismo catalán liderado por el cordobés Montilla sigue ejerciendo la presión más barriobajera y vil para que el Tribunal Constitucional no sentencie la evidencia: que el “Estatut” es inconstitucional. Su nueva ofensiva intimidatoria tiene que ver con que el Tribunal no se haya renovado en plazo. Es legítimo pretender que el máximo intérprete de la Carta Magna se renueve, pero no supeditar esa renovación a un fallo concreto. Las decisiones del Constitucional son igual de válidas renovado o sin renovar e insinuar lo contrario es dar un golpe en la misma línea de flotación de la democracia: el principio de legalidad.

Pero amenazar magistrados no es un vicio exclusivo de Cataluña, sindicatos en horas de su mayor desprestigio y pseudo intelectuales neorrepublicanos llevan semanas haciendo lo propio con el Supremo en el asunto de Garzón. Cada uno opinará lo que quiera del presunto prevaricador, lo que es innegable es que movilizarse en la calle para presionar e intimidar a un Tribunal para que emita una sentencia en un sentido determinado, por motivos de oportunidad política y no con argumentos jurídicos, es otro golpe a la línea de flotación de la democracia, esta vez encarnada en la independencia del poder judicial.

El ejemplo de este estilo de hacer política que prescinde totalmente de la ética sin duda más trágico ha sido el vivido en aguas internacionales con el asalto de una flotilla con ayuda humanitaria para Gaza por los piratas judíos del ejercito israelí. Poco podemos añadir a lo dicho ya sobre el drama de las nueve víctimas de este abordaje, comparadas con cinismo inhumano por el embajador israelí con las de los accidentes de tráfico; solo que este episodio es un paso más en la degradación moral de Israel por llevarlo a cabo, y de la comunidad internacional por consentirlo. Hace tiempo que sospechábamos que el sionismo considera a los palestinos y por extensión todos los musulmanes animales de dos patas, indignos de la categoría de seres humanos. De lo que nos vamos dando cuenta ahora es que esa consideración empieza a extenderse a los occidentales críticos con sus atropellos y quien sabe si en última instancia a todos los no judíos.

Mientras los motivos para el pesimismo se acumulan, las personas de buena voluntad mantendremos la esperanza de un futuro más limpio, aunque nuestra rebeldía se limite, a veces, a pensar por nosotros mismos.

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Tribuna Oberta

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