El nostre periòdic valencià

‘J. Vidagany’ Articuls

La maldad reside en la política

José Vidagany Peláez,Secretari General de Coalicio Valenciana

Cuando uno se plantea la vida desde una perspectiva superior, es decir, analizando al hombre, la cultura, la sociología y el proceso de integración de la persona en una comunidad, comprende que existe un elemento a lo largo de la Historia que se ha ido repitiendo y que se ha convertido en innato al ser humano, la maldad.

Desde que el hombre es hombre, la cultura y la sociedad han sido los símbolos que lo han diferenciado de los animales, y éstos se han encontrado interiorizados en cada persona, y cada uno de nosotros se integra de una manera u otra en la organización social, pero no cabe duda, que desde el principio de la creación, la maldad ha estado presente en la voluntad y en el proceso de socialización de la raza humana.

No es casualidad que la guerra y los conflictos sociales, creados por los políticos, han dejado de tener ese componente heroico, para transformarse en un instrumento de exterminio de unos contra otros, pero a pesar de esto, nuestro belicismo, nuestra crueldad, nuestra maldad es innata al propio concepto de persona, y por lo tanto, como señalaba Albert Einstein “no sé cómo será la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”. Bajo ese prisma, podemos ver el auténtico reflejo de la naturaleza de lo que somos como hombres, de lo que necesitamos ser, de nuestra propia pulsión por la violencia y la maldad contra el prójimo, alimentada por unos líderes políticos borrachos de poder.

Muchos ejemplos de esta cuestión los encontramos en la literatura, en el arte o en la propia Biblia. De esta forma, cuando la Sagrada Escritura habla del Juicio Final, indica que “Dios dispuso la historia de cada uno de nosotros para nuestro mayor bien” y somos nosotros los que elegimos el peor de los caminos, pero cuando llegue ese día “se conocerá cómo los diferentes males y sufrimientos de las personas y de la humanidad los ha tornado Dios para Su gloria y para nuestro bien eterno”, pero como dice el Antiguo Testamento en el Libro de Malaquías “El día que Yo actúe, dice el Señor de los Ejércitos … entonces verán la diferencia entre los buenos y los malos … ya viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja. El día que viene los consumirá”.

El problema del dolor y la maldad, como dijo Clive Staples Lewis, es el arma más potente del ateísmo contra la fe cristiana, pero también es una realidad incuestionable que nadie ha podido rebatir, puesto que su existencia, es parte de la propia creación del ser humano. Si tenemos presente que el resultado de la socialización es que produce un grado de conformidad suficiente para que la persona se adapte y se integre en la colectividad con el fin de que pueda mantenerse, reproducirse y perdurar, debemos de pensar que cuando nace un bebé, no tiene sentimiento de un “yo propio”, con deseos que pueden o no ser opuestos a los deseos de otras personas. Es durante el aprendizaje donde el niño adquiere reflejos, hábitos y actitudes que se inscriben en el organismo y en la psique de la persona y orientan su conducta, pero estas mismas circunstancias las configuramos sociológicamente quienes les rodeamos, condicionando su realidad e imponiéndole el criterio de la violencia como instrumento de defensa, es decir, heredamos y transmitimos la maldad como virtud del comportamiento humano y como realidad de socialización de la raza humana.

La Familia, la escuela, los amigos, el trabajo, las normas, los medios de comunicación en la civilización actual, y sobre todo la política, son por desgracia los verdaderos agentes socializadores, y por ello, si analizamos en profundidad todos estos aspectos comprenderemos que estamos creando una generación verdaderamente frustrante, donde la violación de las normas que pudiéramos considerar “justas”, “sanas” y “morales” es la inevitable e indeseable desviación social. La desestructuración de la vida familiar, la carencia absoluta de modelos educativos adecuados, la corrupción como elemento primordial de la clase política o unos mass media cuyo principal valuarte es la violencia verbal y física gratuita, están cercenando toda una futura generación.

Desde Coalicio Valenciana tenemos que negarnos a que nos encasillen con el cliché de políticos, nosotros somos ante todo y sobre todo valencianistas, no aspiramos a tener coches oficiales, no queremos sillones en ninguna institución, no buscamos nuestro beneficio personal, sino queremos defender lo que nos es propio y lo que hemos heredado de nuestros ancestros, somos como Vicente Doménech “El Palleter”, un “home de poble” que luchó contra el poder establecido y los opresores de la verdad.

El valencianismo comprometido, que es la figura que ahora emerge nuevamente con Coalicio Valenciana, se sitúa fuera de la estructura del poder político y se pronuncia en nombre de los grandes principios éticos sin tener en cuenta las verdades oficiales, las presiones y los compromisos del poder social. Nosotros, los que somos auténticos valencianos y valencianistas estamos por encima de los sillones y coches oficiales, lo único que buscamos, es la verdad y la victoria del valencianismo frente al catalanismo.

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Vidagany considera alarmante e insostenible la situación económica del país

Vidagany y Sentandreu debatiendo sobre la economía.

El secretario general de Coalicio Valenciana, José Vidagany, ha calificado de alarmantes e insostenibles los datos de paro, donde en el mes de marzo se superó el 20% de desempleados. Para Coalicio Valenciana la situación económica del país requiere de medidas contundentes antes de que sigamos la senda de Grecia.

Vidagany indicó que es imprescindible la puesta en marcha de un Plan de austeridad y una drástica reducción del gasto público, con una reforma del mercado de trabajo y una congelación salarial, unido todo ello al incremento en políticas sociales y de creación de empleo. Para el secretario general de CV podría estar entrando en un camino sin retorno, que nos llevaría a un necesario gobierno de concentración para superar una gravísima crisis que todavía no ha tocado techo.

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Tribuna Oberta

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